Una cruda realidad

La mayoría de los mensajes que circulan en redes sociales son hechos para seres de otro mundo; porque los de este sufren, rien y lloran cuando les va mal, cuando se frustran, cuando se desilusionan y ninguno de aquellos mensajes que van y vienen logran subir el ánimo, pues en esos momentos no somos capaces de pensar en otra cosa que en nuestro dolor,, al carajo esos mensajes positivos:  “levántate, mira el sol y el cielo iluminado para Ti, sonríe todo en la vida es bello”  o como este  “Levántate, sonríele a la vida y sigue tu camino.  No es tiempo para llorar, es tiempo para ir hacia adelante y ser feliz”  bla,bla, bla, bla… no sirven estos mensajes cuando el corazón y el alma están desgarrados por un desamor.

Cuando estamos así de tristes estos mensajes siguen derecho, como si tuviéramos puesta una chaqueta impermeable, así sean los mensajes más bonitos, más ciertos, más emotivos; nos resbalan.  Solo pensamos en el dolor que nos produce cierta situación, en las consecuencias y nos sigue lastimando el alma.  Sabemos que los mensajes de aliento llegan por cualquier medio o por la persona que denota en nuestra cara, en nuestra voz, en nuestra actitud cierta tristeza, cierta amargura, sin embargo no es el mejor momento para nada.

Hay que respetar ese momento, la tristeza es válida, el dolor en el corazón no es fácil de sanar, la vida misma se encarga de que tengamos esa mezcla de sentimientos y hay que darle tiempo al tiempo para curar esas heridas del corazón y el ego, porque a veces esos episodios con la pareja nos desquebrajan desde la coronilla de la cabeza hasta los pies.  Que nos dejen estar tristes, que nos dejen sufrir tranquilos pues estos mensajes no ayudan en momentos asi, cuando llora el corazón y el alma.

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1 Response
  • María Carolina Hurtado
    noviembre 22, 2016

    Lo importante para cada uno es vivir lo que decida vivir, y cada persona vive su sentir a su forma. Cada uno es libre de liberar cualquiera que sea su emoción, para llegar otra vez a su armonía. Sentimos tristeza ante la perdida; y dolor ante cualquier evento que nos recuerde una de las cinco heridas que hayamos vivido como niños: al ser abandonados, al ser rechazados, a ser traicionados, a ser humillados y a pasar por actos de injusticia. Todos hemos vivido alguno de estos eventos cuando niños y esto quedó grabado en nuestro inconsciente, allí están nuestras memorias, y en nuestra historia personal atraemos eventos que hacen de nuevo doler la herida; una vez la podamos hacer consciente, y hayamos liberado toda la emoción que quedó en nuestro cuerpo, y que una y otra vez hacen que pensemos este tipo de pensamientos; habremos dado un paso adelante que nos llevaran vivir desde otro estado.

    Adicionalmente cada uno vive su dolor a su manera, unos lo expresamos, otros lo congelamos, o lo reprimimos; cada uno aprendió a su forma, y es libre de tomar el camino que desee. Afortunadamente el camino y la elección siempre es personal.

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