La vida nos marca

La vida nos marca de formas muy diferentes y a pesar de la sonrisa permanente y de la frente en alto, de las manos tomadas, del aparente apoyo incondicional, llega el momento en que los años y años de infinita paciencia se convierten en un camino sin salida que nos marcan surcos en la frente.

Yo siempre he dicho a quien me ha querido oír “Uno no compra un pantalón blanco para convertirlo en rojo, si quieres un pantalón rojo cómprate un pantalón rojo”. Pero yo conocí a mi pareja y después de un tiempo de ser amigos y aun sabiendo que era una persona que no tenía nada en común conmigo, que era el portador dentro de su ser de todo lo que había rechazado toda mi vida, tome la decisión de entablar una relación con él con el firme propósito de convertirlo en el hombre que yo quería que fuera, el hombre perfecto para mí, pero hoy después de muchos años de tolerancia, de paciencia de constancia puedo decir que mi vida se convirtió en una cárcel, una cárcel triste en donde estoy prisionera irremediablemente.

A pesar de que después de tantos y tantos sinsabores compartidos no creo que esto que siento sea amor, las circunstancias detienen mis alas con más fuerza que los barrotes de una celda, y esto que late dentro de mi  es más bien una resignación bien llevada, aunque hay momentos que al verlo a los ojos o al verlo reír como un niño, en el fondo muy en el fondo de mi corazón algo renace y aflora con toda la fuerza para desear tomar de nuevo su mano y emprender nuevos caminos de esperanza, pero al instante siguiente él mismo me devuelve a la triste realidad.

Lo peor es que al poner en una balanza sus virtudes y defectos, la inclinación hacia sus defectos es tan fuerte que el peso me abruma, y podría resumirlos en muy pocas palabras que sé no alcanzaran para representar su magnitud. Sus mentiras permanentes hasta en los detalles más insignificantes, su poca tolerancia, su actitud conflictiva que no presenta soluciones a los problemas sino que por el contrario se regodea con el conflicto sin querer salir de él.

Pero lo peor es su enfermedad con las mujeres, y digo enfermedad porque lo es, el nunca en su vida ha podido vivir de verdad, no disfruta nada, ni me permite disfrutar, no tiene una meta en su vida, si va a bailar inmediatamente alista las antenas hasta que ubica a su víctima, igualmente en el cine, en el restaurante, en la estación de servicio, en la tienda, con la vendedora ambulante, con la señora del aseo, va por el mundo tratando de cazar, siempre busca presas fáciles, mujeres con baja autoestima, con problemas emocionales etc., etc. jóvenes, viejas pero especialmente mujeres feas, muy feas, para asediarlas con miradas insistentes y morbosas, con insinuaciones veladas, y lo peor es que después de tantos años de pelear por lo mismo de sentir celos, incomodidad, en este momento solo me produce mucha vergüenza verlo hacer el ridículo, “los celos murieron con el amor”, ahora me callo, me encierro en mi misma y me odio por no tener el valor de mandar todo lejos y salir corriendo a vivir mi vida y a ser feliz de nuevo.

Anónimo

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1 Response
  • María Carolina Hurtado
    abril 25, 2017

    Lo que puedo pensar al leerte es que lo mejor que podemos hacer es vivir desde el amor, y la propia vida; el amor empieza hacia mi, los demás son espejos de lo que hay adentro mío, es imposible ver afuera lo que no tengo por dentro; y es irresponsable afirmar que los demás me hacen, pues yo soy la protagonista de lo que yo creo, si no te gusta lo que estás recibiendo, créalo y enfócate en tu mejor creación; sufrir no tiene sentido, hasta que de ahí en adelante todo lo demás será ganancia.

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